“Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda” (refrán popular), lo ilegal puede llevar a la cárcel, lo inmoral a ser condenado al infierno y engordar a la pérdida de la salud física, ¡vaya colección de preferencias!, pero no todo el mundo lo puede ver con claridad, en especial en estos tiempos cuando el eufemismo está de moda como auto justificación, ahora no hay adulterio; hay “aventuras”, no hay robo; hay “fraude”, no hay homosexualidad; hay tercer sexo”, otro refrán popular me recuerda que “aunque la mona se vista de seda….”, sigue llamándose mona.
Algunos médicos dan a menudo diagnósticos estrictamente técnicos, tal vez para no choquear al paciente con un “tiene cáncer”, prefieren hablar de la “presencia de un carcinoma”, lenguaje correcto pero que no todos entienden o lo más importante “no quieren entender”, el cáncer constituye un buen símil con el pecado: no resulta fácil hacérselo notar a un pecador porque la mayoría de las veces se esconde tras miles de justificaciones y “echadas de culpa” a otras personas o circunstancias; casi nunca el fumador acepta que su enfermedad se origina en el abuso del tabaco, ni el pecador del abuso de la desobediencia. El cáncer empieza por un pequeño quiste, que en la medida que no se le ataque irá creciendo hasta el extremo de metástasis, aún así el cáncer tiene una ventaja sobre el pecado: no es contagioso, aunque el pecado también puede empezar por una pequeña concesión, puede terminar en una diseminación por todo nuestro interior y contaminar todas las áreas de nuestra vida, esa “enfermedad” puede extenderse hacia el entorno por su capacidad de contagio y perturbación. Queda implícita la similitud más importante: tanto el cáncer sin tratamiento oportuno, como el pecado sin arrepentimiento genuino conducen a la muerte.
Seguir leyendo…