El camino, la verdad y la vida – Helmut Schatte
El camino, la verdad y la vida
“Yo soy el camino, la verdad y la vida, sin mí, nadie puede llegar a Dios el Padre. Si ustedes me conocen a mí, también conocerán a mi Padre. Y desde ahora lo conocen, porque lo están viendo” (Juan 14:6-7).
El propio Jesucristo, quien dividió la historia del hombre en antes y después de Él, nos revela sin eufemismos, sin palabras versallescas, ni retórica: “Yo y el padre somos uno”, nunca dijo : “vengo a liberarlos del yugo del Imperio Romano”, ni siquiera proclamó el célebre “síganme los buenos”; fueron muchas sus advertencias para que de su mensaje no quedara duda alguna: “No se conviertan en jueces de los demás, y así, Dios no los juzgará a ustedes. Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duro con ustedes. El los tratará como ustedes traten a los demás” (Juan 7: 12).
Para los que no entienden las parábolas, como la del joven rico, Jesucristo aclaró: “yo enseño a la gente por medio de ejemplos; así, por más que miren, no verán nada, y por más que oigan tampoco entenderán nada. Así se cumple en ellos lo que Dios había dicho por medio del profeta Isaías: Esta gente, por más que escuche, nunca entenderá, y por más que mire, nunca verá. Pues no aprende ni piensa, sino que cierra los ojos para no ver, y se tapa los oídos para no oír. Si hicieran lo contrario entenderían mi mensaje, cambiarían su forma de vivir, ¡y yo la salvaría!” (Mateo 13: 13-15).
“¡Ustedes son unos hipócritas! Dios tenía razón cuando dijo por medio del profeta Isaías: Este pueblo dice que me obedece, pero en verdad nunca piensa en mí. De nada sirve que ustedes me alaben, pues inventan reglas y luego las enseñan diciendo que yo las ordené” (Marcos 7: 6-7).
“En este mundo, como ustedes bien saben, los jefes de las naciones gobiernan sus pueblos y no los dejan hacer nada sin su permiso. Además, los líderes más importantes de un país imponen su autoridad sobre cada uno de sus habitantes. Pero entre ustedes no debe ser así, al contrario, si alguien quiere ser el primero, deberá ser el esclavo de todos. Yo, el Hijo del hombre, soy así, no vine a este mundo para que me sirvan, sino para servir a los demás. Vine para liberar a la gente que es esclava del pecado, y para lograrlo pagaré con mi vida” (Marcos 10:42-45).
Hay quienes hablan de Jesucristo como “el camarada socialista”, como si Él hubiese venido al mundo a asumir posiciones de guerrillero, a combatir el imperialismo, a colgar a los ricos, o a regalarle a los pobres. No vino a predicar comunismo ni capitalismo, vino a salvar al hombre de los fariseos, aquellos que conociendo la ley al dedillo, la predican pero no la practican, vino a salvar al hombre de todas aquellos actos de la carne que asfixian al espíritu, esos, los promovidos por su maestro y autor Satanás: “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes” (Gálatas 5:20-21). ¡El que tenga oídos que oiga!.
Escrito para: Diario El Tiempo y Ministerio Vivo Para Cristo
















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