El refrán original afirma que la monita no puede disfrazarse de nada pues; aunque disfrazada seguirá siendo, viéndose y actuando como lo que es: una mona, la frase es lapidaria cuando se le aplica a un ser humano, aunque éste sí puede cambiar, lo cual es muy distinto a disfrazar, cuando se disfraza le pasa como a la monita: “Cambia el cachimbo pero sigue siendo el mismo musiú”.

Todas las acciones y palabras humanas revelan la condición de quien las ejecutó. Tal pensamiento me vino a la mente transitando en la carretera de Oriente. En algunos tramos todavía parece paisaje lunar, en otras la carpeta asfáltica parece recién echada por lo suave y pareja, pero la ilusión dura poco: empiezan a aparecer huecos pequeños alternados con verdaderas trampas para las puntas de eje y los neumáticos. Mi esposa preguntó el por qué y la respuesta es muy sencilla: asfalto vaciado sobre una base mal conformada sencillamente es un disfraz, aun cuando el diseño del concreto asfáltico luzca bien y no se haya vaciado con lluvia.

Pero… ¿qué tienen que ver los huecos del pavimento con la mona? Sucede que partimos de la mona que se viste de seda, desde allí usamos el símil del hombre que intenta “hacerse pasar por alguien que en realidad no es”. La superficie asfáltica representa el disfraz: en apariencias bien construido pero escondiendo vicios fatales de ejecución. Los paisajes lunares representan la verdad desnuda, sin maquillaje, sin disfraz, gráfica como de nada vale ignorar el mal fundamento, la mala fundación, si lo que se desea es que el cambio ejecutado no se revierta al mal estado anterior.

En la actualidad, tanto hombres como mujeres recurren frecuentemente a la cirugía estética, creyendo que arrancando elogios o atrayendo parejas mediante el “frisado de fachadas”, permitirá “vender una casa interna fea y desordenada”.

Cada quien tiene ejemplos vivos de personas muy guapas por fuera, pero insoportables como compañeros o jefes. ¿De qué vale tener buena pinta, si como persona se es despreciable? Sabemos muy bien que por muy buena que sea la liposucción, la persona objeto de ella sigue siendo la misma. Es mas, por sus características, la mayoría de las veces vuelve a recuperar el peso original pues el bisturí no puede con la gula, y si la cirugía fue de “estiramiento facial”, se sabe que nunca es definitiva pues el bisturí no puede con los años, cambios cosméticos no cambian a las personas. El bisturí no puede con la vanidad.

“En realidad, ¿quién sabe qué le conviene al hombre en esta breve y absurda vida suya, por donde pasa como una sombra? ¿Y quién puede decirle lo que sucederá en esta vida después de su muerte?” (Eclesiastés 6:12)

“¿Y qué voy a proclamar?, respondo yo. Que todo mortal es como la hierba, y que toda su gloria es como la flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el aliento del Señor sopla sobre ellas. Sin duda, el pueblo es hierba. La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanecerá para siempre” (Isaías 40:6-8)

Autor: Helmut Schatte
Escrito para: Diario El Tiempo y Ministerio Vivo Para Cristo

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