Resurrección y vida – David H. Roper
“Yo soy la resurrección y la vida…” – Juan 11:25
Jesús dijo: «Yo soy la resurrección y la vida». Una cosa es hacer una declaración semejante; otra totalmente distinta es respaldarla… y Jesús lo hizo al resucitar de los muertos.
«Si crees que el Hijo de Dios murió y resucitó —escribe George MacDonald—, todo tu futuro está lleno del amanecer de la eterna mañana, que se levanta detrás de las colinas de la vida; pleno de una esperanza tal, que la más elevada imaginación del poeta no alcanza a vislumbrar su rayo».
El Hijo de Dios murió y resucitó, y Su resurrección es la garantía de que Él nos levantará de los muertos y nos arrebatará de la tierra: una persona que piensa, siente, recuerda y reconoce vivirá para siempre.
Vivir para siempre significa experimentar el concepto de eternidad que Dios ha puesto en nuestro corazón, volver a encontrarnos con los amados seres creyentes que perdimos por la separación de la muerte, vivir en un mundo sin tristeza, ver a nuestro Señor que nos ama y que dio todo para unirnos a Él para siempre.
Pero yo veo otro significado. Como poseemos esta vida y también la próxima, no tenemos que «tenerlo todo» ahora. Podemos vivir en cuerpos quebrantados y arruinados durante un tiempo, padecer pobreza y dificultades, enfrentar soledad, angustia y dolor durante una temporada. ¿Por qué? Hay un segundo nacimiento: vida en el cielo para siempre.
“La resurrección es el fundamento de nuestra fe.”
Lectura del día: 1 Corintios 15:1-11
Tomado de: Reflexiones















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