Soy un enamorado de jardines y flores, es una verdadera desgracia que por estos lados casi no se cultiven, más bien semejan ser algo exótico, pareciera mejor comprar flores que tenerlas vivas en un jardín, para mí no es lo mismo, una gráfica de esto la tenemos en la avenida Camejo Octavio en la zona próxima a la redoma de la Hostería; aunque las flores brillan por su ausencia, los verdes prados y arboles de la isla conforman una gratificación para los ojos, confirma ser la excepción de la regla pues está más que claro que ninguna autoridad municipal es amante del ornato de parques y jardines para la ciudad, pues demandan trabajo persistente y delicado.

Nuestra conurbación pareciera dejar en claro que nadie está interesado en las bellezas naturales, pues aunque han sido muchas las veces que se cacareó la remodelación de un parque o plaza, al correr de los días se puede comprobar cómo todo lo hecho languidece en el olvido y la desidia, como si el único interés en el asunto fuese ese contrato que una vez pagado es olvidado.

Hay algo muy curioso en esto de arboles y flores; existe un claro paralelo entre lo que son nuestras vidas y lo que significa cultivar un buen jardín: La maleza crece en el jardín sin que se la llame, esa no necesita ni que la siembren, ni la cuiden ni la rieguen, más aún: asfixia a la siembra noble y delicada, se multiplica aceleradamente; igual sucede en nuestras vidas con los vicios y debilidades; se arraigan sin que los llamemos, crecen y se adueñan de los espacios interiores cual maleza invasora, para al final hacer desaparecer cualquier vestigio de vida ordenada, virtuosa y disciplinada.

Son muy pocos los que cuidan los jardines de sus vidas, cultivando arboles y flores hermosas y perfumadas, la mayoría vivimos con ese jardín descuidado, nunca desmalezado, ni podado, ni fumigado, atacado por plagas y sequías, dejando languidecer lo bueno que alguna vez fue nuestro orgullo para permitir florecer la ponzoña y el veneno.

Algunos, hombres y mujeres creen cultivar el aspecto exterior de sus vidas sembrando sobre escombros y basura, sin preparar el terreno, sin sacar las piedras, sin cernir ni abonar, sin regar ni cuidar, recurriendo a plantaciones artificiales, las cuales pese a no envejecer, muestran al final del camino una patética contradicción con su entorno.

En un jardín y por un árbol el hombre se condenó: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y guardase”, el hombre decidió desobedecer y por esa causa fue desterrado y condenado; “Por cuanto comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida, Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo”.

La Biblia vuelve a hacer mención de un importante árbol en Apocalipsis: “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones.”

Un árbol en los inicios de la vida humana, un árbol al final del camino para los que viven sus vidas obedeciendo a Dios.

¿Cómo cultiva usted su jardín?, ¿sembrando árboles de buen fruto y sombra?, ¿cultivando flores de buen perfume y aspecto?, ¿se conforma con lo artificial y superfluo sin importarle sobre cual terreno sembró?.

Autor: Helmut Schatte
Escrito para: Ministerio Vivo Para Cristo

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