¿Militante o Cliente? – Helmut Schatte
El verbo “militar”, aparte de lo relativo a la milicia, es definido por el diccionario en dos párrafos independientes, como dos conceptos diferentes: “Figurar en un partido o en una colectividad. Haber o concurrir en una cosa alguna cosa, alguna razón o circunstancia particular que favorece o apoya cierta pretensión o determinado proyecto”.
“Figurar en un partido o en una colectividad”; figurar implica presencia, no implica participación activa, bastaría con aparecer en un listado de miembros para “figurar” en un partido político o colectividad, colectividad que podría ir desde un club deportivo, nacionalidad o cualquier grupo que se forme con alguna afinidad. En nuestro concepto más popular está la de militar en partidos políticos, cuyos fines supuestamente estarían definidos por eso que se llama ideología, esa que la mayoría de los “militantes” desconoce en profundidad, cuyo contenido aglutinante es tener influencia y participación en la “torta” en el caso que el grupo alcance el poder, objetivos que podrían ligarlos a la segunda definición.
La segunda definición es más complicada; pareciera circunscribir esa militancia en la coincidencia en un propósito, sea este un objetivo o creencia, pareciera que esa primera definición que habla de “figurar partidos y colectividades” estuviese ligada a esta segunda, en este caso el diccionario la separaría solo por una coma, no por punto que acusa una separación que las diferencia, más bien da la impresión que el diccionario quiso hacer esa separación para mostrarnos alguna diferencia específica, esa que muestra lo que sucede en la realidad con los partidos: en general allí no existen muchas coincidencias de visión ni de objetivos, lo único que constituye un común denominador son los intereses, la militancia se divide entre los dirigentes y los dirigidos, entre los que reparten y los que reciben, desafortunadamente esto se refiere a prebendas y beneficios que distan mucho de ideales o conceptos filosóficos que busquen elevar la felicidad del hombre, sea en su individualidad como en el colectivo, razón por las cuales creo que más bien que en este caso particular deberíamos cambiar el apelativo de “militantes” por el de “clientes” dejando así la definición de militante más limpia.
Hay una colectividad muy especial, una a la que la mayoría de las personas declara pertenecer, la de los que dicen creer en Dios, por desgracia este conjunto que luce como mayoritario, tiene las mismas debilidades que los partidos políticos: sus militantes están divididos entre los que “figuran en los listados de militancia” y otros que aparte de figurar concurren en razones, pretensiones y proyectos, vale decir su definición de militante no está separada por un punto sino definida por el concepto integral de pertenencia, en compromiso, obediencia y estilo de vida.
Hay malas noticias para quienes creen que Dios permite “militantes de figuración”, aquí sí que no existen las medias tintas de militancia figurativa: “Yo conozco tus obras que ni eres frio ni caliente. ¡Ojalá fueses frio o caliente!. Pero por cuanto eres tibio, y no frio ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:15-16).
A los hombres se les puede engañar, a Dios no, El nos engendró para que seamos hijos obedientes, no para ser militantes clientelares.
Autor: Helmut Schatte
Escrito para: Ministerio Vivo Para Cristo
















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