Sabiduría de Salomón – Helmut Schatte
Sabiduría de Salomón
1 Reyes 3:7-9
“Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pídeme lo que quieras que yo te dé. Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día. Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé como entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?”
Dios se complació tanto con su respuesta que no solo le dio “corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. Y aún también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú. Y si anduvieres en mis caminos guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días” (1 Reyes 3:12-14).
En efecto Salomón es recordado por la historia por su sabiduría y sentido de la justicia, sus grandes obras como la reconstrucción del templo de Jerusalén y por su poder militar, por su gran renombre, fama y esplendor, pero hombre al fin; cedió ante la tentación y desobedeció en lo que más ofende a Dios: su afición por las mujeres (700 reinas y 300 concubinas), le llevó a complacer a las extranjeras, construyó templos para dioses falsos, por lo cual Jehová lo castigó “rompiendo el reino en manos de tu hijo” (1Reyes 11:12), allí vino la división de Israel en dos reinos: Judá reinado por Roboam e Israel cuyo rey Jeroboam llevó a sus súbditos a adorar ídolos y darle la espalda a Dios, la historia tras esto concluyó en la dispersión de las diez tribus de Israel y el cautiverio del pueblo Judío en Babilonia. Como se puede ver el “pecadito” de Salomón trajo funestas consecuencias para su pueblo, las cuales se ven y viven hasta el día de hoy.
Salomón llegó al fin a la conclusión que todo lo que mueve al hombre que está bajo el sol es la vanidad, razonó sobre la vida escribiendo “Eclesiastés”, obra que bien vale la pena estudiar por sus enseñanzas.
“No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de palabras la voz del necio. Cuando a Dios haces promesas, no tardes en cumplirlas; porque El no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos. Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios” (Eclesiastés 5:2-7).
La boca suele hacernos pecar en contra de Dios; “sean pocas tus palabras”, “mejor que no prometas, y no que prometas y no cumplas”. Dios nos ve y escucha, nadie puede alegar en su defensa la propia ignorancia. A buen entendedor; pocas palabras, muy especial en los momentos en que está en boga hablar mucho, prometer y no cumplir, enredando de paso en el discurso a la Palabra de Dios.
Pese a su sabiduría, Salomón cometió un gran y fatal error: olvidar la obediencia a quien se la dio.
Escrito por: Helmut Schatte
Escrito para: Ministerio Vivo Para Cristo















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